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Sabemos que la educación hunde sus raíces en un pasado tan antiguo y misterioso como el del lenguaje. Ninguna sociedad, desde que hay comunicación simbólica, pudo abstenerse de educar. Sin embargo, “en la mayor parte de las sociedades humanas en casi todos los tiempos y lugares”, según ha mostrado Arnold Toynbee, “la educación, en el amplio sentido de transmisión de una herencia cultural, ha sido una actividad no deliberada y desorganizada. Por lo general la gente adquiere su cultura ancestral como aprende su lengua materna”.
Durante los últimos dos siglos, los supuestos de esta tarea han pasado a formar parte de la propia estructura y rutinas de la escuela. En efecto, se parte de la base que el conocimiento transmitido es lento, limitado y estable; que la escuela constituye el único canal de información con que las nuevas generaciones entran en contacto; que los soportes para la comunicación escolar son la palabra magisterial y el texto escrito; que la escuela demuestra su eficacia cuando logra traspasar ciertos conocimientos y comportamientos cuyo dominio es comprobado mediante exámenes; que la inteligencia a ser cultivada es de naturaleza esencialmente lógico-matemática y que la educación escolar encuentra apoyo en la familia y la comunidad local.
Hoy estamos a las puertas de una nueva revolución educacional. Tanto el contexto en que opera la escuela, como los propios fines de la educación, están siendo transformados drástica y rápidamente por fuerzas materiales e intelectuales que se hallan fuera del control de la comunidad educacional y cuyos efectos sobre ésta serán inevitables.
La globalización nos pone frente al desafío de competir en los mercados internacionales, de ser más productivos y creativos, más confiables y emprendedores. El cambio del entorno es permanente e incesante y exige de los seres humanos flexibilidad, adaptabilidad, capacidad para plantear problemas y solucionarlos con inteligencia analítica y práctica. En este escenario, los viejos patrones rígidos se desmoronan. La explosión en la cantidad de información disponible y en la capacidad para utilizarla cuestiona el concepto de capital humano entendido como un stock de conocimientos. Los nuevos tiempos nos hablan de cambios en las metodologías de enseñanza, en sus contenidos, en las capacidades de los maestros. El propio concepto de calidad de la educación se ha transformado y con él las exigencias impuestas a los sistemas de evaluación.
La educación, por lo tanto, debe asumir estas nuevas tareas, pero sobretodo debe estar diseñada para formar personas adecuadas para el éxito en este complejo mundo de hoy.
La globalización impone a la sociedad y en particular a nuestro sistema educativo, importantes y significativos retos, entre los que merecen especial atención:
Primero, la educación debe ser un proceso dinámico, en cuanto a contenidos y estrategias educativas, donde el sistema enseñe a los estudiantes a aprender a ser, aprender a conocer, aprender a hacer, y aprender a vivir con otros.
Aprender por sí mismo a ser y vivir con dignidad, significa desarrollar plenamente, de modo armónico y equilibrado, todas las dimensiones de la propia personalidad humana corporal o física desiderativa, emotiva o sentimental, cognitiva, técnico-productiva, estética y artística, socio-afectiva, socio-moral o ética, socio-política y sexual; construir progresivamente la propia autonomía y la propia identidad; desarrollar modos personales de pensar, sentir, actuar y vivir; tener un proyecto individual de autorrealización como persona, como ciudadano y profesional.
Aprender por sí mismo a conocer, significa ser capaces de identificar los problemas cognitivos, empíricos, metodológicos, valorativos, lógico-lingüísticos y lógico-matemáticos implicados en las actividades humanas; comprender y asimilar los conceptos científicos fundamentales de las áreas del conocimiento: clasificatorios, comparativos, relacionales y métricos; desarrollar la competencia lógico-lingüística y lógica-matemática.
Aprender por sí mismo a hacer, implica adquirir las competencias, conocimientos, habilidades y destrezas de distintos tipos: sicomotoras, manuales, artísticas, cognitivas, etc.
Aprender a vivir con otros, dice relación con aprender a ser ciudadanos del mundo conscientes, críticos, responsables, tolerantes, participativos y solidarios; aprender a respetar los principios democráticos de convivencia y los derechos y libertades de todos los seres humanos; comprometerse con los valores emergentes potencialmente universales, especialmente con el proyecto de los derechos humanos en una sociedad pluralista.
Segundo, la entrega del material cognitivo, como de los instrumentos de aprendizaje permanente, debe hacerse en directa relación con las tendencias internacionales. En este sentido, por su desarrollo tienen especial importancia las ciencias, la matemática, el idioma inglés y el manejo básico de las nuevas tecnologías de información y comunicación, pilares fundamentales en el mundo global actual.
Tercero, la capacitación y el perfeccionamiento del personal docente, debe ser permanente, especialmente en materia metodológica, puesto que el profesor debe ubicarse en el plano de quien enseña a las nuevas generaciones a buscar la información apropiada, junto con indicar donde está el conocimiento vigente y ayudar al desarrollo de nuevas metodologías para aprender en forma permanente, ya que la clave del futuro no es buscar la información sino saber donde encontrarla.
Cuarto, se debe promover la educación a distancia, aprovechando la redes comunicacionales actuales, como televisión satelital, video conferencia, Internet, entre otros. En el caso de éste último, permite a personas de distintos centros educacionales tener contacto con otros centros del mundo y compartir experiencias “en vivo” de diverso tipo: de investigación, de dirección, de docencia, de aprendizaje, de proyectos colaborativos entre alumnos, etc.
Quinto, el sistema educativo debe afianzar una actitud de respeto hacia la educación, como valor y como posibilidad de respuesta a los desafíos complejos y crecientes para la vida de cada uno. La educación debe ser cuna de sujetos creativos y críticos, capaces de aportar al progreso en la vida social y productiva.
Sexto, el sistema educativo debe propiciar la creación de conocimiento nuevo a través de la investigación y la transferencia tecnológica, para que a partir de ello se consolide un modelo de producción concordante con los objetivos de desarrollo que espera nuestra sociedad.
Séptimo, la sociedad junto con los actores del sistema educativo deben definir los valores y aspectos culturales necesarios de preservar y a través de una política de contenidos y enfoques proactivos transversales, ayudar a proteger los valores y cultura propia de nuestra nación, evitando el peso e impacto de la “cultura internacional” o foránea.
Y por último el Estado debe tener un rol de liderazgo y conducción del proceso educativo, en materia de capacitación, de desarrollo de metodologías y contenidos y en el desarrollo de tecnologías de información y comunicación.

La educación chilena en la perspectiva de la globalización mundial debe tener un enfoque dinámico, acorde con las demandas internacionales. Además debe propiciar la adquisición de competencias y destrezas cognitivas, afectivas, sociales y ético-ambientales que permitan a las nuevas generaciones integrarse a la nueva realidad mundial, de manera autónoma, autosuficiente y humana, con identidad propia y conciencia universal.
Creo sinceramente que nuestro país ha dado pasos importantes en esta dirección al implementar cambios sustantivos y profundos, a través de la Reforma Educacional vigente, asegurando políticas públicas de educación que permitirán a la nación convertir los desafíos de la globalización en magníficas oportunidades de desarrollo y bienestar social.

Sin embargo, el sistema educacional, como todo sistema en el mundo, tiene sus problemas, y estos pasan a mí parecer porque el Ministerio de Educación no tiene capacidad de acción efectiva, porque ha entregado la tarea educacional al espacio privado, a las municipalidades y a la libre empresa. Por esto el Ministerio de Educación, a lo más, puede plantear ciertas nociones generales como, por ejemplo, la declaración de una reforma educacional que tiene que ser interpretada y revisada fuera del Ministerio por los distintos colegios y centros educacionales que existen como entes privados de intención comercial. Pero pienso también que el Ministerio de Educación podría abrir un espacio donde él participase directamente a través de su preocupación por la formación o la reformación de los profesores. Esto podría hacerse a través de un organismo que aún existe y que es el Centro de Perfeccionamiento del Magisterio. Yo lo reactivaría y lo transformaría en un centro de recepción de profesores para ponerlos al día en prácticas de las distintas disciplinas que ellos enseñan, ya sea mediante laboratorios, talleres o seminarios de acción y reflexión, según se trate de ciencia, de arte o de filosofía; además de llevar a cabo la famosa “evaluación docente”, que tantos retractores ha tenido el último año en el Colegio de Profesores, siendo este mecanismo de evaluación uno de los más efectivos al momento de conocer quienes son los mejores colegios, y los mejores profesionales de la educación para que eduquen a nosotros y nuestros hijos.

Estas falencias del sistema educativo chileno, nos muestra una clara segmentación en lo que es educación en Chile. En el transcurso de mi enseñanza media recuerdo a varios de mis compañeros, gracias a Dios no fue mi caso, donde surgió la inquietud de hacer un preuniversitario, por lo que algunos de mis amigos decidieron ir a preguntar al orientador sobre las alternativas, a lo cual el individuo les contesto: "para que van a hacer gastar dinero a sus padres, si de todas formas no van a quedar". En ese momento comprendí como se segmentaba la educación en Chile. No es cosa de que uno quiera hacer algo, es casi una imposición lo que tú debes hacer con tu futuro.
La Prueba de Selección Universitaria es un claro indicador de esta segmentación. El promedio PSU 2003 para los colegios Particulares Pagados fue de 648,394; para los Particulares Subvencionados fue de 603,56; y para los Municipales fue de 554,308. No voy a discutir acá el hecho de que los ingresos de las familias, la cantidad de alumnos por curso, la infraestructura y los profesores influyan en estos resultados, pero si acotaré algo sobre la educación en si. En general, el ingresar a un colegio Técnico-Profesional es sinónimo de "Centro de Formación Técnica", "Instituto Profesional" o simplemente "Cuarto Medio". Por su parte, el hecho de ingresar a un colegio Científico-Humanista es, en general, condición necesaria para hablar de "Universidad Tradicional/Privada". El sistema educacional chileno mide su excelencia según el número de alumnos que posiciona en la Universidad respecto a su total de alumnos, al igual que los preuniversitarios miden su nivel de excelencia dependiendo de cuantos puntajes nacionales obtenga. En mi mundo ideal, esta concepción de excelencia dista mucho de lo que debiera ser un modelo de educación. Ni siquiera el hecho de pensar en "igualdad de educación" debiera derivar en el hecho de posicionar alumnos en las universidades. Y no digo que esto sea malo, solo digo que no es lo que uno esperaría de la educación que recibe. Para mi el hecho de ser "educado" dice relación con las herramientas que tendré en el futuro para desenvolverme eficiente y efectivamente en la búsqueda de aquello que me otorgue satisfacciones. Tales satisfacciones no son sólo monetarias, sino mas bien las de realizar un trabajo que a uno lo llene como persona, que te entregue beneficios monetarios y que permita alcanzar la felicidad. Actualmente la educación dirige al estudiante a postular a carreras "top" con el sólo objetivo de obtener dinero y ser "exitoso", no importando si la persona se siente conforme con ello. No existe en Chile un sistema que haga un seguimiento de los estudiantes egresados de cuarto medio para validar las proyecciones de sus "test vocacionales", cuantos de ellos lograron salir de la carrera a la que ingresaron, cuantos cambian de carrera y cuantos ejercen su profesión una vez terminado sus estudios. Estamos frente a una educación que ve la igualdad como una forma de equiparar económicamente a las personas por sobre la igualdad intelectual, y desarrollo y satisfacción personal. La educación actual no considera la opinión del estudiante. No se potencian las cualidades intrínsecas de cada alumno. Se discrimina en cursos A-B-C... dependiendo del rendimiento. No se analizan temas de actualidad y contingencia. La educación en chile no es solamente un tema de estado, de los profesores y de los colegios. La educación es un tema país, que nos involucra a todos y en el que estamos obligados a hacernos parte.

Es por ello que se hace imperativo que el Estado adopte nuevas medidas que hagan retroceder el sistema educativo chileno que está llevando a cabo por medio de la actual reforma educacional de 1996, y poner en marcha un modelo de educación basado en naciones que tengan un desarrollo, tanto cultural como económico, muy similar al nuestro, pues no estamos en condiciones de querer aparecer ante el resto del mundo como desarrollados, si ni siquiera nuestro sistema educacional, que es donde se muestra el verdadero desarrollo de una cultura, aún tiene imperfecciones y por causas realmente difíciles de entender, como por ejemplo la segregación de la educación en privada y estatal. No podemos pasar por esta globalización queriendo imponer contra cualquier oposición, incluso de gente experimentada como es el gremio de profesores, una reforma que está ligada a una nueva estructuración que se realizaron algunos años antes en países como España e Inglaterra, que tienen un desarrollo mucho mayor al nuestro, y su sistema educativo está destinado a otras perspectivas de país, que no son las mismas del nuestro, pues Chile aún está en una etapa de educar para producir como dijo el Presidente Juan Antonio Ríos en 1944. Aún nuestra educación no puede virar hacia un enfoque más desarrollista del valor humano, del valor como persona, pues necesitamos desarrollar aún más nuestro país como nación en globalización, y para ello necesitamos de esta mayor productividad de los futuros profesionales de nuestro país.



Ricardo Aguilar Cubillos, agosto 2005.-